lunes, 26 de septiembre de 2011

3


Vivir


Él dormía profundamente. Mostraba un semblante relajado, tranquilo, alejado de toda preocupación. Ella lo miraba, disfrutando del hecho de ver sin ser vista... a pesar de que no tenía que esconderse para poder hacerlo. Se fijó en su naricita, en los lunares de su rostro, en su negra barba y el pelo revuelto, su boca, sus largas pestañas... imaginó sus ojos marrones, devorándola. Empezó a roncar, y ella sonrió. No le importaba. Tenía unos minutos para deleitarse contemplando su descanso, y no pensaba irritarse porque no le dejaran dormir...
Mientras lo miraba sintió como su pecho se hinchaba... no puede ser que me ponga a llorar -pensó-, ya no soy una niña. Era difícil explicar como se sentía. Probablemente no hubiera palabras en el mundo para describirlo. Tan complejo, extraordinario. Así mismo, tan universal, tan corriente. Él le transmitía calma; La Calma, personificada; que abordaba y conquistaba su cuerpo, relajándola y haciéndole sentir segura. Cuando estaba junto a él, parecía detenerse el tiempo. Lo imposible se encontraba al lado de su mano. Su sonrisa iluminaba cualquier estancia. Sus ojos parecían estrellas, y su voz la convertía en cristales de cualquier estación de metro.

¿Cuánto hace falta para conocer a alguien? ¿Cuánto para amarlo? ¿Y para perderlo? ¿Cuánto es para siempre? ¿Cuánto es hasta aquí?

Daba miedo...

¿El qué?, somnoliento, preguntó, mientras sus ojos se clavaban en los suyos.

Vivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Licencia de Creative Commons
¿y por qué no? by Cristina Romero is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License