domingo, 12 de febrero de 2012

15


15 minutos antes de dormir


Él la miró con una mezcla de pesar, agobio, y cansancio.
-¿Qué tal te ha ido el día?
Observó su perfil, definido, luz y oscuridad que tanto le intrigaba siempre.
-Oye que te estoy hablando…-ella leía, mientras fingía no oírle.
-Ah, perdón… pues como siempre. ¿Qué quieres que te cuente? Mucho lío… quiero ausentarme un poco.
-¿Ausentarte? ¿Más?
-Mira, no quiero discutir, mejor mañana hablamos.- y se giró, cerrando el libro, y apagó la luz, dando por finalizada la discusión. Un the end diario definitivo.
La oscuridad ocultaba la mueca de dolor que ocupaba el rostro de Daniel. Ideas ocupaban su mente, revoloteando, llevándolo a un precipicio de vacío y dolor, donde se encontraba su vida sentimental en esos instantes… Tenía que contenerse para no saltar, no dar ese paso definitivo que cada vez parecía más fácil. Tras ese salto veía un mundo nuevo, más definido, más vivo, distinto… oculto, misterioso… y donde se encontraba le rodeaba la desolación, lasitud, un territorio yermo en el que no encontraba nada que le llamara la atención… que le compensara esa falta de vida. Poco a poco le fue embriagando el sueño…
A la mañana siguiente, ella se desperezó poco a poco, sonriendo. Las 8 horas de sueño la habían relajado muchísimo, recordándole que el mundo era un lugar para vivir. No sabía porqué todo se complicaba tanto siempre. Buscó con la mirada  a Daniel, que estaba acostado a su lado, ya despierto, trabajando con su ordenador portátil…
-Hola, ¡buenos días!- le dijo, alegre.- ¿Qué te parece si caminamos hacia el mercado y desayunamos chocolate con churros?
Él apenas la miró… Murmurando, respondió.- lo siento, tengo que irme.
Y se levantó.
Ella apenas se inmutó. Nuestro pan de cada día, se dijo irónica.
Escribió un mensaje de texto y se dirigió al mercado.
Hola, qué guapa estás, como siempre.- y Alejandro se inclinó a darle un beso.
Tú también- respondió ella, mientras le devolvía el beso y su corazón se aceleraba en su interior.
El corazón de Daniel también dio un vuelco al observar la escena desde la churrería.

martes, 7 de febrero de 2012

14

Hacia mi

Y por qué nacen las dudas, pero nacen. 
Y por qué se matan las horas, y a dónde va el tiempo desaprovechado. 
Y qué espero del futuro. 
Y del presente, a Dios pasado. 
Y qué me importa el resto. 
Y por qué eres tú. 
Cuándo duelen los gestos, se pueden borrar. 
No. 
Claro. 
No pienso. 
A cada instante. 
Qué pasa. 
Escribo a lápiz para nunca equivocarme. 
Tropezar, caer, levantarse. 
Dejarme sola, quedarme, sola. 
Él. 
Tú. 
Siento fuego. 
Helado. 
Dolor. 
Congelar sentimientos. 
Freírlos. 
Luchar. 
Soplar las cenizas. 
Volar. 
Hacia el mar. 

El sol.

Tú. 

Y yo.

13


Nadie viene...

lunes, 21 de noviembre de 2011

12


Copiando estilos...

11

Pompa de Jabón

Volvió a sentarse con la cabeza gacha y los ojos cerrados.
Alzando la cabeza, los abrió.
Y quedó extasiado.
Nuevamente.
Era el quinto día que acudía al mismo sitio, a la misma hora, y hacia lo mismo.
Simplemente se sentaba y miraba.
Así pasaba horas, hasta que el atardecer se iba y dejaba paso a la noche, que con su manto, a veces estrellado, a veces no, le impedía seguir observando.
Entonces se levantaba y se iba a casa.
Pero al día siguiente, a la misma hora, acudía de nuevo.
5 días.
5 días llevaba ya contemplando esa maravilla.
Un fino hilo de luz que tenía delante y que mostraba lo más hermoso de este mundo, todo lo que debería de ver, tocar, oler, comer, sentir, hacer, decir y vivir.
¿Cómo no extasiarse con ello?
El resto de su cotidiana vida se le desaparecía por unas horas, la olvidaba y todas las maravillas del mundo le eran mostradas.
Solo sentándose allí, callando y mirando.
Pero ese día sentía que iba a ser diferente.
Esa sensación le acompañaba desde que se desperezó en la cama, muy de mañana, y entreabrió los ojos al mundo, para ver que, nuevamente, el día era gris.
El resto de la jornada había sido cotidianamente normal, el día más estándar, y monótono de todos los que recordaba haber vivido, si bien no recordaba muchos.
Días que se entremezclaban y cuyos sucesos, cuando algo había digno de llamarse suceso, bien podrían transcurrir el mismo día.
De hecho, no podía asegurar que todos los días de su vida no fueran el mismo.
No tenía forma de saber que cada día era distinto al anterior y además uno más.
Hasta hacía 5 días.
Esos 5 días tenían cada uno matices y formas distintas, únicas, hasta duraban diferentes horas.
Lo hubiera jurado.
Sentado frente a ese fino hilo de luz, la sensación de que algo tenía que pasar hoy seguía acechándole, sumergiéndolo en un mar de oscura ansiedad que le pellizcaba y ahogaba sin cesar.
Obsesionado, observó que la noche empezaba a cubrirlo todo con su manto y comprendió que, si no hacia algo, el día acabaría sin que esa sensación culminara, brotara, germinara, explosionara...
Sin perder de vista el fino hilo de luz se levantó,
y se dirigió hacia él,
lentamente
y
conteniendo la respiración...
como nunca antes había hecho.
Jamás había estado tan cerca del fino hilo de luz.
Levantó la mano, y estiró un dedo.
Y con mucha lentitud lo fue acercando al fino hilo de luz, hasta que lo rozó con la punta de la yema del dedo índice.
En ese momento,
un gran dolor le inundó el pecho,
una flecha se lo atravesó,
un puño le estrujó el corazón,
sintió envejecer de golpe 20 años,
empezó a respirar con dificultad,
todo transcurrió en un instante,
el mismo en el que el fino hilo de luz desapareció,
explotó como una pompa de jabón cuando se toca,
tan rápido que no se podía saber si realmente antes había estado allí...
pero,
a partir de aquel momento,
se pudo afirmar que ningún día siguió igual.
 



10

Bloque de granito


Escena Primera: Se ve a un hombre vestido de blanco, con chaqueta y boina también blanca, y pantalones vaqueros, con un pitillo en la boca, lleva en las manos un cincel y un martillo, delante un gran bloque de granito gris, que parece estudiar con desespero, a la derecha, una mesa, también blanca, redonda, con una botella de whiskey escocés abierta y un vaso de cristal bajo, lleno hasta el borde.

-Aaaaaaaaaaaargh! ¡No puede ser! ¡Otra vez! ¡No! -y alza las manos con desespero. Observa el bloque de granito con atención y lo rodea mirándolo desde todos los ángulos. Se empina, se agacha, le da la espalda y lo mira de reojo, buscando, quizá, un ángulo extra o desconocido que se escapa a la visión cotidiana.
De repente, exaltado, se acerca rápido a una esquina del bloque y comienza a tallar, a esculpir, a golpearlo... -¡Aquí!, ¡Sí! ¡Aquí es!, no hay duda.
Parece que quiera plasmar la imagen que proyecta su mente en ese grueso cubo imposible, estático y hermético. Recorre el cubo nuevamente, tallando una esquina u otra, hundiendo con fuerza el cincel para desgastar la piedra y formarla a voluntad.


Escena Segunda: Se ve al hombre bebiendo whiskey, sin saborearlo, de forma bastante impaciente, como queriendo cambiar el mundo con cada sorbo, con cada crispado gesto que realiza ante el cubo, que es, ahora, una masa informe... o, al menos, nuestros ojos no distinguen forma conocida que darle. La ropa adquiere una tonalidad grisácea allá donde los fragmentos de arenilla han sido depositado tras salir disparados por la actividad del (suponemos) escultor. La boina aparece en el suelo, entre el granito y la mesa, aparentemente ha sido pisoteada con desespero.


Escena Tercera: El hombre parece muy excitado. Rodea continuamente el granito, en el que apreciamos una discontinuidad, como un núcleo de carbón que aparece tras las capas desgastadas y se observa en la superficie.

-¡Lo sabía!, jajaja, jajaja. ¡Lo conseguí! -grita, mientras da una última cincelada sobre el carbón... de repente, algo sucede... el hombre se tranquiliza y escucha atentamente... un murmullo surge del bloque, y practicamente al mismo tiempo, algo empieza a manar del núcleo negro... el sonido aumenta su intensidad, y pronto, reconocemos un grito y la sangre borboteando por ese pozo petrolífero... asustado, el escultor da dos pasos atrás... se acerca a la mesa, y apurando el whiskey, lo estrella contra el bloque, dejando que la estancia se llene de infinitos trozos de fino cristal.

-Vaya... -impasible ahora-, otra vez tendrán que llevárselo... pero ya encontraré la forma de penetrar en su interior y hacerla mía. Esculpirá también.

Escena Cuarta: Se repite escena primera...

lunes, 14 de noviembre de 2011

9

 E          S          P          A          C          I          O

-Un euro por tus pensamientos.- la voz de él la sacó de su ensimismamiento. No sabía desde dónde venía, pero sí que de muy lejos.


-No valen tanto.- respondió, con su media sonrisa, mientras sus ojos lo volvían a enfocar, a pesar de llevar un buen rato en él posados, sin apreciarlo.


-Ah, pero si estás viva… ya decía. Tienes que dejar de darle vueltas, no sirve de nada.


-Ya… tienes razón. Pero no puedo parar.- Y alzó la mirada, suplicante. Él le devolvió una sonrisa radiante, llenando su rostro de atractiva luz. Como siempre, habría derretido a cualquiera… cualquiera consciente.


-Él se lo pierde.


-Es que no lo entiendo.- comenzó a hablar desesperada.- ¿qué quiere? ¿cómo se puede decir eso? Hay más de 3000 km entre nosotros, me siento sola y pequeñita aquí, en esta gran ciudad… ¿y lo que me da es eso? ¿necesito espacio? ¿necesito espacio?


-Ya… no se entiende. Hay determinados momentos en los que debes hablar con amigos, en lugar de con él. No todos soportamos igual la presión…


-¿Pero de qué presión me estás hablando?.- levantó ligeramente la voz, notando como le temblaba. Lo que le infundió rabia… no quería traslucir sus sentimientos más de lo necesario.


-Chsssss… tranquila. Solo intento encontrar una explicación y ayudarte.


-Pero no te das cuenta de que si necesita espacio ahora, ¿no vamos a poder estar juntos? ¿qué va a ocurrir cuando vuelva? ¡Es absurdo! ¡Y pasar por todo esto, esta desesperación…! ¿merece la pena?


-Bueno, “necesito espacio” lo puedes interpretar de muchas maneras, guapa.- y la miró enarcando las cejas… No quería ser muy duro.- Así empieza el principio del fin.


-El principio del fin.- un profundo silencio cayó entre ambos, apagando la conversación por unos minutos. Ella parecía intensamente concentrada… parecía que intentaba escuchar lo que la quietud le quería decir… esa profunda quietud.- Es decir… que no está a gusto conmigo, se ha dado cuenta de que no quiere estar conmigo y todo esto ha sido una sarta de patrañas… y además, puede que haya conocido a otra… Es una forma fácil, rápida y anodina de romper… ¿no?


Él alzó sus ojos al cielo… mostrando el blanco de su esclerótica, como diciendo… ¡yo qué quieres que te diga!


-Mira… googlea esas dos palabras y lee los primeros enlaces… y… después, si te hace falta… yo estaré aquí dispuesto a consolarte y abrazarte…
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¿y por qué no? by Cristina Romero is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License