lunes, 21 de noviembre de 2011

10

Bloque de granito


Escena Primera: Se ve a un hombre vestido de blanco, con chaqueta y boina también blanca, y pantalones vaqueros, con un pitillo en la boca, lleva en las manos un cincel y un martillo, delante un gran bloque de granito gris, que parece estudiar con desespero, a la derecha, una mesa, también blanca, redonda, con una botella de whiskey escocés abierta y un vaso de cristal bajo, lleno hasta el borde.

-Aaaaaaaaaaaargh! ¡No puede ser! ¡Otra vez! ¡No! -y alza las manos con desespero. Observa el bloque de granito con atención y lo rodea mirándolo desde todos los ángulos. Se empina, se agacha, le da la espalda y lo mira de reojo, buscando, quizá, un ángulo extra o desconocido que se escapa a la visión cotidiana.
De repente, exaltado, se acerca rápido a una esquina del bloque y comienza a tallar, a esculpir, a golpearlo... -¡Aquí!, ¡Sí! ¡Aquí es!, no hay duda.
Parece que quiera plasmar la imagen que proyecta su mente en ese grueso cubo imposible, estático y hermético. Recorre el cubo nuevamente, tallando una esquina u otra, hundiendo con fuerza el cincel para desgastar la piedra y formarla a voluntad.


Escena Segunda: Se ve al hombre bebiendo whiskey, sin saborearlo, de forma bastante impaciente, como queriendo cambiar el mundo con cada sorbo, con cada crispado gesto que realiza ante el cubo, que es, ahora, una masa informe... o, al menos, nuestros ojos no distinguen forma conocida que darle. La ropa adquiere una tonalidad grisácea allá donde los fragmentos de arenilla han sido depositado tras salir disparados por la actividad del (suponemos) escultor. La boina aparece en el suelo, entre el granito y la mesa, aparentemente ha sido pisoteada con desespero.


Escena Tercera: El hombre parece muy excitado. Rodea continuamente el granito, en el que apreciamos una discontinuidad, como un núcleo de carbón que aparece tras las capas desgastadas y se observa en la superficie.

-¡Lo sabía!, jajaja, jajaja. ¡Lo conseguí! -grita, mientras da una última cincelada sobre el carbón... de repente, algo sucede... el hombre se tranquiliza y escucha atentamente... un murmullo surge del bloque, y practicamente al mismo tiempo, algo empieza a manar del núcleo negro... el sonido aumenta su intensidad, y pronto, reconocemos un grito y la sangre borboteando por ese pozo petrolífero... asustado, el escultor da dos pasos atrás... se acerca a la mesa, y apurando el whiskey, lo estrella contra el bloque, dejando que la estancia se llene de infinitos trozos de fino cristal.

-Vaya... -impasible ahora-, otra vez tendrán que llevárselo... pero ya encontraré la forma de penetrar en su interior y hacerla mía. Esculpirá también.

Escena Cuarta: Se repite escena primera...

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¿y por qué no? by Cristina Romero is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License