E S P A C I O
-Un euro por tus pensamientos.- la voz de él la sacó de su
ensimismamiento. No sabía desde dónde venía, pero sí que de muy lejos.
-No valen tanto.- respondió, con su media sonrisa, mientras
sus ojos lo volvían a enfocar, a pesar de llevar un buen rato en él posados,
sin apreciarlo.
-Ah, pero si estás viva… ya decía. Tienes que dejar de darle
vueltas, no sirve de nada.
-Ya… tienes razón. Pero no puedo parar.- Y alzó la mirada,
suplicante. Él le devolvió una sonrisa radiante, llenando su rostro de
atractiva luz. Como siempre, habría derretido a cualquiera… cualquiera
consciente.
-Él se lo pierde.
-Es que no lo entiendo.- comenzó a hablar desesperada.- ¿qué
quiere? ¿cómo se puede decir eso? Hay más de 3000 km entre nosotros, me siento
sola y pequeñita aquí, en esta gran ciudad… ¿y lo que me da es eso? ¿necesito
espacio? ¿necesito espacio?
-Ya… no se entiende. Hay determinados momentos en los que
debes hablar con amigos, en lugar de con él. No todos soportamos igual la
presión…
-¿Pero de qué presión me estás hablando?.- levantó
ligeramente la voz, notando como le temblaba. Lo que le infundió rabia… no
quería traslucir sus sentimientos más de lo necesario.
-Chsssss… tranquila. Solo intento encontrar una explicación
y ayudarte.
-Pero no te das cuenta de que si necesita espacio ahora, ¿no
vamos a poder estar juntos? ¿qué va a ocurrir cuando vuelva? ¡Es absurdo! ¡Y
pasar por todo esto, esta desesperación…! ¿merece la pena?
-Bueno, “necesito espacio” lo puedes interpretar de muchas
maneras, guapa.- y la miró enarcando las cejas… No quería ser muy duro.- Así
empieza el principio del fin.
-El principio del fin.- un profundo silencio cayó entre
ambos, apagando la conversación por unos minutos. Ella parecía intensamente
concentrada… parecía que intentaba escuchar lo que la quietud le quería decir…
esa profunda quietud.- Es decir… que no está a gusto conmigo, se ha dado cuenta
de que no quiere estar conmigo y todo esto ha sido una sarta de patrañas… y
además, puede que haya conocido a otra… Es una forma fácil, rápida y anodina de
romper… ¿no?
Él alzó sus ojos al cielo… mostrando el blanco de su
esclerótica, como diciendo… ¡yo qué quieres que te diga!
-Mira… googlea esas dos palabras y lee los primeros enlaces…
y… después, si te hace falta… yo estaré aquí dispuesto a consolarte y abrazarte…
Un momento no marca el todo...
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