lunes, 14 de noviembre de 2011

9

 E          S          P          A          C          I          O

-Un euro por tus pensamientos.- la voz de él la sacó de su ensimismamiento. No sabía desde dónde venía, pero sí que de muy lejos.


-No valen tanto.- respondió, con su media sonrisa, mientras sus ojos lo volvían a enfocar, a pesar de llevar un buen rato en él posados, sin apreciarlo.


-Ah, pero si estás viva… ya decía. Tienes que dejar de darle vueltas, no sirve de nada.


-Ya… tienes razón. Pero no puedo parar.- Y alzó la mirada, suplicante. Él le devolvió una sonrisa radiante, llenando su rostro de atractiva luz. Como siempre, habría derretido a cualquiera… cualquiera consciente.


-Él se lo pierde.


-Es que no lo entiendo.- comenzó a hablar desesperada.- ¿qué quiere? ¿cómo se puede decir eso? Hay más de 3000 km entre nosotros, me siento sola y pequeñita aquí, en esta gran ciudad… ¿y lo que me da es eso? ¿necesito espacio? ¿necesito espacio?


-Ya… no se entiende. Hay determinados momentos en los que debes hablar con amigos, en lugar de con él. No todos soportamos igual la presión…


-¿Pero de qué presión me estás hablando?.- levantó ligeramente la voz, notando como le temblaba. Lo que le infundió rabia… no quería traslucir sus sentimientos más de lo necesario.


-Chsssss… tranquila. Solo intento encontrar una explicación y ayudarte.


-Pero no te das cuenta de que si necesita espacio ahora, ¿no vamos a poder estar juntos? ¿qué va a ocurrir cuando vuelva? ¡Es absurdo! ¡Y pasar por todo esto, esta desesperación…! ¿merece la pena?


-Bueno, “necesito espacio” lo puedes interpretar de muchas maneras, guapa.- y la miró enarcando las cejas… No quería ser muy duro.- Así empieza el principio del fin.


-El principio del fin.- un profundo silencio cayó entre ambos, apagando la conversación por unos minutos. Ella parecía intensamente concentrada… parecía que intentaba escuchar lo que la quietud le quería decir… esa profunda quietud.- Es decir… que no está a gusto conmigo, se ha dado cuenta de que no quiere estar conmigo y todo esto ha sido una sarta de patrañas… y además, puede que haya conocido a otra… Es una forma fácil, rápida y anodina de romper… ¿no?


Él alzó sus ojos al cielo… mostrando el blanco de su esclerótica, como diciendo… ¡yo qué quieres que te diga!


-Mira… googlea esas dos palabras y lee los primeros enlaces… y… después, si te hace falta… yo estaré aquí dispuesto a consolarte y abrazarte…

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¿y por qué no? by Cristina Romero is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License