miércoles, 12 de octubre de 2011

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I miss you, boy



Lo tenía todo preparado. Hacía rato que, tumbada en la cama, observaba la aguja del minutero avanzar, y dejaba que los segundos se le incrustasen en la mente. Qué lenta es la espera. Un ruido captó su atención, devolviéndola a la realidad, fijando su mirada en la pantalla del ordenador.

Falsa alarma. Mensaje en Facebook o algo por el estilo… Hastiada, pasaba de una pestaña a otra, leyendo algún u otro blog, alguna noticia curiosa en Menéame, mirando los contactos conectados, llamándolo con toda la fuerza de su mente…

Se dejó embriagar por los recuerdos, momentos vividos no hace poco y que ya forman, formaban, formarán, parte del pasado… tan rápido transcurre el tiempo cuando quiere. Pensó en el último desayuno juntos, sentados en un banco de la plaza, comiendo rosquetes del mercado, tan distinto a sus desayunos típicos, que solo asociaba a él. Como tantas otras cosas.

Una cámara, una rosa, un espejo, el mar, las olas, un globo, un telescopio y un eclipse de luna, el Teide, la carretera, la búsqueda y el encuentro, estrés, y relajación sin límites, un viaje, dos puntos, un canal, pizza y huevos rotos, setas, Alicia en el país de las Maravillas, la niña de los domingos, cucuflato, dale al botón de rec, ventanas, la playa, un reloj arrancapelos, tapones para los oídos, ropa blanca, dos terrazas, suciedad, las estrellas, y edición…

El ruido de una llamada la sacó de su ensimismamiento, y, sin saber bien si esa palabra existe, sonriendo, respondió la llamada…

Lo primero que vio fue sus ojos… y la conversación comenzó eliminando el resto del mundo, y sin que le impidiese notar cómo la felicidad la embriagaba, toda ella, sonrisa...

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¿y por qué no? by Cristina Romero is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License